Trastornos de Pánico y Ansiedad: Tratamientos

Los trastornos de ansiedad y de pánico son muy habituales en nuestros días, y existen múltiples y variadas terapias y tratamientos al alcance de todos nosotros. Estos pueden ayudarnos a eliminar o manejar fobias y ataques, o bien pueden asistirnos para aprender a controlar estos trastornos, de modo de vivir una vida plena y cotidiana sin obstáculos.

Claro está que la selección de estas terapias debe ser tomada a conciencia, y siempre con el aval y la recomendación de un médico experto, puesto que la automedicación y el tratamiento incorrecto podrían aumentar los síntomas, o incluso podrían empeorar nuestra situación.

Tratamiento Mediante Terapias.

Terapia Conductual Cognitiva.

Es la forma de terapia de mayor aceptación y efectividad para ataques y trastornos de pánico y ansiedad, y para agorafobia o fobias sociales. Esta terapia se centra en los patrones de pensamiento y de conducta, que suelen ser los disparadores de las fobias y las crisis de pánico y ansiedad.

En este tratamiento el profesional nos ayuda a identificar las situaciones o elementos (incluso pensamientos) agresivos y nocivos, para que aprendamos a manejarlos o eliminarlos, mediante un análisis en forma más positiva. Para ello, el terapeuta nos ayuda a reconocer que las probabilidades de que algo verdaderamente desastroso nos ocurra son mucho más pequeñas –en ocasiones: nulas- de lo que antes considerábamos. Asimismo, el profesional nos ayuda a individualizar estas situaciones e identificar la raíz del problema, de modo de aprender a manejarlo de la forma más conveniente: respirando profundamente, repitiendo una palabra o frase positiva (casi como un mantra) u otra manera que considere propicia y útil para nosotros.

Terapia de exposición.

La terapia de exposición se basa justamente, y como su nombre así lo indica, en exponernos a las sensaciones de pánico en un ambiente controlado y seguro. El objetivo de este tratamiento es que aprendamos a confrontar y manejar estas emociones y sensaciones, mediante diversas técnicas. Esta es, a menudo, la terapia escogida para el tratamiento de la agorafobia.

En la terapia de exposición el terapeuta puede pedirnos que realicemos diversas actividades o conductas: que nos hiperventilemos o respiremos velozmente, que sacudamos nuestra cabeza de lado a lado o que mantengamos el aliento sin respirar; estas actividades causan sensaciones similares a las provocadas por los síntomas de un ataque de pánico o ansiedad. De esta forma, aprendemos a lidiar con las mismas, y con cada exposición nuestro temor a tal sensación disminuirá, hasta desaparecer eventualmente.

Tratamiento Mediante Medicación.

Las terapias con la ayuda de fármacos y medicamentos deben ser escogidas sólo bajo el estricto control médico, y se utilizan únicamente en casos severos.

Antidepresivos: Se utilizan para ataques de pánico y ansiedad severos. Actúan a partir de algunas semanas de tratamiento, y deben ser administradas en forma continua, no sólo durante los ataques o trastornos.

Benzodiazepinas: son drogas anti ansiedad (o ansiolíticos) de rápida actuación. Se toman durante el ataque para aliviar los síntomas, aunque su utilización debe ser cautelosa, puesto que son altamente adictivas y pueden causar síndromes de abstinencia.

Beta bloqueadoresA menudo utilizados por músicos y actores para calmar sus nervios antes de una presentación, los beta bloqueadores funcionan bloqueando los receptores que controlan nuestro mecanismo de respuesta de lucha o huída. Pueden reducir los temblores y colaboran a mantener el ritmo cardíaco bajo control. En otras palabras, reducen los síntomas de la ansiedad, pero no la ansiedad en sí misma.

Símil Tratamientos de Auto Ayuda.

Hay muchas actividades y conductas que podemos poner en marcha, ya sea para aliviar nuestros síntomas o bien para evitar sufrir ataques:

Aprender sobre el pánico: saber a lo que nos enfrentamos nos ayudará a comprender la situación, y nos permitirá afrontarla en una forma más positiva y realista.

Evitar la nicotina y la cafeína: ya sea en bebidas, cigarrillos u otros productos que las contengan. Estas sustancias pueden aumentar las posibilidades de sufrir ataques.

Aprender a controlar la respiración: debemos evitar la hiperventilación y respirar desde el diafragma, hinchando el estómago al hacerlo. De esta forma evitaremos sentirnos mareados y fuera de control.

Practicar técnicas de relajación: las técnicas de relajación nos ayudan a controlar el cuerpo y a enfocar nuestras energías, para así poder concentrarnos en la recuperación antes que en la desesperación y el miedo.

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